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Agencias de viajes en la India
By Javier Redondo Jordán On 5 nov, 2012 At 09:19 PM | Categorized As Datos útiles | With 0 Comments

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Qué delicia volver a ducharse y echar la siesta sobre una cama con sábanas blancas y limpias después de un largo día de penurias. Me había dormido hipnotizado por el ventilador del techo de la habitación. Al despertar había olvidado dónde me encontraba. No reconocía aquellas paredes amarillentas, ni el ventilador, ni el televisor en lo alto del armario. Me incorporé angustiado. Miré a mi alrededor y la realidad comenzó a posarse sobre la memoria. Entonces empecé a recapitular.

Recordé la agencia de viajes y al agente con cara de faquir. Había contratado un hotel en Nueva Delhi para dos noches en la zona de Karol Bagh, al oeste del centro, por mil rupias la noche, aunque dudaba si lo del tour por Rajastán al final lo había aceptado. Me levanté y desdoblé el comprobante, que estaba encima de la mesita de noche, y allí estaba, anotado y desglosado, todo el recorrido del viaje que me llevaría alrededor de Rajastán al hilo de algo más de dos semanas. Todo incluido: desplazamientos, conductor, hoteles, desayunos… quinientos euros.

Había pagado con la tarjeta de crédito. Desconfiado que es uno, y con más razón todavía en un país como la India, me asaltó la idea de que me hubieran estafado. Sentí un sudor frío en la frente. El precio no resultaba caro en absoluto por diecisiete días por Rajastán más el tren desde Agra hasta Benarés. Pero el espectro del engaño me atenazaba el pecho. Antes de entrar en la agencia de viajes, había comprobado a conciencia que se trataba de una agencia gubernamental, con las siglas oficiales. Me había asegurado, además, de que se contaba entre las agencias legales que recomendaba la guía especializada que llevaba.

Y es que uno ha escuchado ya de todo. Al parecer, existen múltiples agencias piratas que, si no timan descaradamente al pobre viajero inocente, sí que le cobran precios abusivos sin que lleguen a cumplirse la totalidad de los términos acordados en el contrato. Con suerte no le sacarán de la tarjeta de crédito el doble del importe del viaje, pasándola dos veces por el lector magnético. Cuando el viajero se da cuenta del engaño, los estafadores han volado, nadie sabe nada, nadie conoce a nadie, nadie ha oído hablar de tu timador, nadie puede ayudarte. Es una lucha inútil.

No sé si habría pecado de inocencia, no sé si de desesperación, pero la sola idea de que me hubieran birlado tanto dinero a las primeras de cambio me hizo desvelarme.

Mi cabeza daba vueltas con las aspas del ventilador del techo a la velocidad del pensamiento. Volví a recordar todos los detalles de mi encuentro con Rajan. Repasé mentalmente sus movimientos, los papeles que firmé. Todo. Al menos, puestos en el caso peor, tenía en mi mano todos los documentos firmados por el agente, a su nombre y el de la agencia de viajes. A la hora de interponer una denuncia en la comisaría de policía podrían reírse de mí en caso de que aquellos formularios no valieran nada, pero dejaban al menos constancia del engaño.

Sucede que el viajero se encuentra inerme y huérfano en la India. Es una sensación que le asalta a menudo. Llega en ocasiones a ser tan desasosegante que a uno le gustaría escapar, teletransportarse lejos de allí, hacia su país. Hacia su hogar.


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