encuentros eleusinos
El Dasaswamedh Ghat, donde todo converge
By Javier Redondo Jordán On 26 dic, 2012 At 04:19 PM | Categorized As Benarés | With 0 Comments

harishchandra ghat benares varanasi muertos piras

Hasta los olores se conservan inmutables en la eternidad de Benarés. La fragancia del sándalo al arder se enlaza con el hedor a orines y a inmundicia. Los perfumes de jazmín y pachuli no se conciben sin matices de vómitos y excrementos ―no sólo animales―, ni el aroma a champa y rosas pueden desligarse del olor de los residuos fecales de las esquinas, que convierten las callejas de tierra en ciénagas. Todo ello aderezado por el vapor de las frituras, el luto de las flores marchitas y pisoteadas, y el ácido fermentado de la fruta podrida.

Pero Benarés no sería la India sin la presencia de buscavidas y maestros de la pillería, de indigentes y niños mendigos, de falsos guías y vendedores roñosos, de brahmanes cicateros y saddhus pintarrajeados que se ganan las rupias haciéndose fotos con los turistas, como los payasos de carpa y parque temático.
La Benarés de hoy seguirá siendo la Kashi de tres mil años atrás mientras se considere algo corriente que una vaca entre en una tienda y campe por su interior a sus anchas, o en tanto los comerciantes liben con agua del Ganges el recibidor al abrir y cerrar sus locales, o mientras la gente siga cruzando la India de uno a otro confín para bañarse al menos una vez en la vida en el río sagrado.

Allí, en medio de aquel circo de estereotipos esperpentizados de la anciana India, me llevaron mis pasos perdidos. Donde convergen todas las líneas maestras que esbozan los claroscuros de Benarés, donde las riadas del caos van a desembocar en la Diosa Madre Ganga, donde se concentra la mayor espiritualidad en Benarés y al mismo tiempo los mayores falsarios y saqueadores de la religiosidad más degradada, donde la luz vetusta y fatigada de Kashi se entrelaza con la oscura podredumbre de Benarés, allí, en el Dasaswamedh Ghat, en los escalones que se sumergían en la corriente del Ganges, me senté a contemplar el espectáculo desde la barrera.

La fama del Dasaswamedh Ghat, sin embargo, se le queda corta. Millares de fieles e infieles pisan sus peldaños cada día, realizan en las aguas del Ganges sus baños sagrados, sus ceremonias y sus ofrendas, pero también, esos millares de fieles e infieles, orinan, se bañan, se cepillan los dientes, hacen gárgaras y lavan la ropa restallándola contra la piedra sucia del escalón.

Un espectáculo fascinante. El promontorio desde el que observaba el trasiego del ghat ofrecía un panorama conmovedor, similar a un hormiguero a escala real contenido en una urna transparente, a través de la cual pudiera uno acceder a sus secretos. Desde aquel lugar me era posible seguir con la mirada los movimientos de una mujer que acababa de introducirse vestida en el río y emergía con el sari azul adherido a sus formas redondeadas como una segunda piel, o aquella otra que le limpiaba las nalgas a su niño con la punta del vestido tras haberse aliviado, o ese hombre que hacía reverencias con el agua a la altura del pecho, o aquella niña vendedora de postales que pululaba entre los turistas, o ese viejo gurú que daba clases de filosofía y meditación a una pequeña congregación de hombres sentados en la posición del loto en un ashram, o aquel barquero escuálido y sudoroso que transportaba una veintena de turistas por el río con la única ayuda de sus brazos y los remos…


Leave a comment

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


Spam Protection by WP-SpamFree