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El desayuno indio: naan, raita y dal
By Javier Redondo Jordán On 13 dic, 2014 At 09:11 PM | Categorized As Datos útiles, En carretera, Rajastán | With 0 Comments

El desayuno indio naan raita dal

De camino a Jaisalmer empezaron a menudear casas de plantas circulares y cuadradas entre los árboles, muy toscas y primitivas, hechas de adobe, con ventanas minúsculas y tejados de paja oscura. Poco más se vislumbraba en el horizonte. A veces se cruzaba por la carretera, de improviso, una cabra, una vaca con el costillar marcado en la piel pálida, un niño de algún pueblo cercano o un rebaño de ovejas seguido por pastores con la cara agrietada por mil soles.

Gurupal detuvo el coche en un trasunto de taller mecánico improvisado al borde de la carretera. Un joven enjuto, que parecía ejercer de mecánico, transportaba cubos de agua desde un pozo cercano mientras otro hombre los vertía sobre las tripas de un camión, de éstos que tanto irritan a los conductores de los demás vehículos en las carreteras, allí aparcado. Lo envolvía una nube de vapor blanco, como si arrojara agua sobre una olla a presión a punto de saltar por los aires. Los rigores del desierto. Confieso que me alegré por el mal ajeno: al terror de las carreteras indias también se le sobrecalentaban los motores. No estaría mal que de paso también se les reventaran las bocinas en los hocicos.

Cuando se acercó el mecánico, Gurupal le pidió al joven que ajustase algo en el motor del taxi, algo sencillo, que hizo con una simple llave inglesa. No creo que hubiera podido hacer mucho más a la vista de la precariedad de aquel taller, que difería de una dhaba de carretera en que, en lugar de mesas, bancos y una cocinilla, había un pozo, cubos y una caja de herramientas.

Aprovechamos para comer algo, dado que se diferenciaba en poco de una dhaba. El exiguo menú que ofrecen estas pequeñas tascas de carretera al aire libre se compone de naan (tortas de pan), raita (salsa de yogur bastante peligrosa, pues se elabora con agua, que normalmente contiene parásitos a los que los occidentales no somos inmunes) y dal (guiso muy especiado de lentejas).

Me vi en la obligación de invitar a Gurupal, que había terminado de comer antes que yo y se dedicaba en aquel momento a vigilar el trabajo del mecánico entre los alambres de las muelas del taxi, dando por hecho que aquella comida le saldría gratis. El conductor pagó por el ajuste de tuercas diez rupias, cinco de las cuales me las pidió a mí con la excusa de no tener suelto. Estos indios no tienen remedio.

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