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El mundo entero contenido en los ghats de Benarés
By Javier Redondo Jordán On 26 Dic, 2012 At 04:28 PM | Categorized As Benarés | With 0 Comments

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Dejé atrás las hogueras y me ocupé en recorrer la línea de ghats en toda la longitud de la ribera del río, abarrotada por la muchedumbre y los palacios antiguos que durante siglos han contemplado en las aguas verdosas su reflejo. Paseaba entre el bullicio de Benarés, plagado de encantadores de serpientes e incautos, de arrapiezos andrajosos a la caza de unas rupias, de vagabundos, de lisiados que se arrastraban sobre tablones con ruedas, de falsos masajistas ayurvédicos, de sacamuelas callejeros, de curanderos, de limpiadores de oídos, de saddhus (monjes errantes), de predicadores, de pandits (eruditos), de sannyasins (renunciantes), de faquires, de charlatanes, de cambistas, de hippies, de vendedores de ganja (marihuana), bhang (preparado de cannabis) y charas (hachís), de perros pelados por la sarna, de cabras negras, de vacas blancas, de búfalos gigantescos que subían y bajaban por los escalones para remojarse en las aguas turbias del Ganges a pocos metros de donde varias mujeres, sin desprenderse de sus saris de cada color del arco iris, tomaban su baño vespertino.

El Teatro del Mundo que es la India se aprecia con singular nitidez y esplendor en las orillas de Benarés, sobre todo entre bastidores del Dasaswamedh Ghat. No en vano es el más distinguido entre los ghats de la ciudad, donde conviven, entre sus esquinas y sobre sus escaleras, hombres y mujeres, ricos y pobres, justos y sablistas, jovencitas en flor y enfermos de extremaunción, brahmanes (casta superior del hinduismo) y parias, vivos y muertos.

He oído a grandes y reconocidos viajeros renegar de Benarés en repetidas ocasiones como hijos pródigos e ingratos, pero siempre terminan regresando a los brazos perfumados y cálidos de la Madre Ganga. La ciudad más contradictoria de la India, dicen de ella. Benarés es la auténtica India, aseguran sus propios habitantes. ¿Qué tendrá que despierta tantas pasiones entre hindúes y viajeros? Como un imán que invirtiera constantemente sus polaridades, de igual modo atrae que repele, Benarés fascina y repugna al mismo tiempo.

Y es que Benarés es una ciudad eterna, antediluviana, que se antoja un dragón dormido en sus laureles de antaño. El mundo gira, pero la luz de Kashi permanece inamovible, intacta a lo largo de infinitos siglos mientras el Fuego de Shiva siga ardiendo sin interrupción en algún lugar oculto en las entrañas del monstruo, tal como lo lleva haciendo desde hace tres mil años.

Cuentan quienes han visitado «la resplandeciente» durante décadas que apenas ha mudado su piel en todos estos años, que por ella el correr de los tiempos parece pasar en balde. Hoy día pueden encontrarse, eso sí, cibercafetuchos sin café donde antes hubo cabinas telefónicas. Poco más han cambiado sus calles angostas y hediondas, regadas de aguas fecales. Siguen allí los mismos perros aparentemente muertos a la sombra de los quioscos que miran al Ganges, los mismos langures traviesos, las mismas cabras torpes, las mismas moscas corrosivas y las mismas vacas cachazudas de antaño. Los dobhis (lavanderos profesionales) continúan golpeando la ropa contra la mugre de los peldaños de los ghats exactamente igual que lo hacían sus tatarabuelos antes que ellos; el anciano ciego con su escudilla y su lazarillo parecen sacados de una novela picaresca del Siglo de Oro español; los mendigos leprosos mendigan rupias, porque lo único que poseen es una enfermedad medieval que ha sido erradicada en todo el mundo salvo en la India; las viudas de blanco y piel nudosa, como la corteza de una encina, encorvadas sobre sus garrotes, son víctimas silenciosas de tradiciones prehistóricas aún vigentes; el saddhu pintado para llamar la atención del profano o el que se empecina con cenizas mortuorias representan la caricatura de una espiritualidad secular ya extinta; y la muchedumbre realiza sus abluciones y ritos milenarios en las aguas del Ganges tal como se han hecho al hilo de siglos y siglos en la ciudad más antigua del orbe.


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