encuentros eleusinos
La India es mentira
By Javier Redondo Jordán On 29 oct, 2012 At 12:20 PM | Categorized As Datos útiles | With 0 Comments

niños india viajero india viaje

La India es mentira. Pienso en ella y la recuerdo como se recuerda a una amante apasionada y traicionera al mismo tiempo, como se añora a la mujer de la que uno se enamoró, cuyos rasgos, aún hermosos, son hoy lo único apenas reconocible, porque su corazón ni a ella misma le pertenece. La memoria es contradictoria, caprichosa y cruel. Nada queda de aquella muchacha de oscuro exotismo que prendó a los novelistas del diecinueve. Lejos se antojan ya los días de las maravillas y la belleza, de las alfombras y las lámparas, de los grandes reyes y los fastos, de los elefantes y los tigres, de las flores y los vinos de juventud. Ahora el espejo de nuestros ojos sólo devuelve una imagen irreal, extemporánea, nimbada por mitos románticos y coloniales cuyas ruinas se pudren bajo el maquillaje, los abalorios y una mirada perfilada de khol y misterio, hueca, vacía.

Cuando me preguntan sobre mi viaje a la India, me resulta complicado explicar en pocas palabras un concepto tan poliédrico. Sé que nadie quiere oír razonamientos largos y profusos, de modo que procuro ahorrárselos. Pero simplificar y generalizar equivalen a mentir, y no creo que pueda hacinarse la vida en el corsé de las historias contadas de viva voz. También, aunque no sólo, por eso la India es mentira. Es un error procurar sintetizar en unas pocas frases afortunadas la realidad de un país de tan enorme extensión, con decenas de estados gubernamentales, cientos de grupos étnicos, otras tantas lenguas y religiones y millones de dioses.

Sucede con la India lo mismo que sostiene el axioma de Heisenberg, aquello de que el observador no puede sustraerse de lo observado. De la misma forma que jamás se podrá medir la temperatura de una gota de agua, porque la temperatura del termómetro, por pequeño que éste sea, cambiará ineluctablemente la del líquido a determinar.

El principio de incertidumbre rige también los fundamentos de la fotografía, pues al fotógrafo no le es posible ocultarse de su objetivo cuando desea captar la vida real de cerca. Las personas cuya imagen campea en los marcos de las grandes exposiciones fotográficas no son verdaderas, porque quien realiza la fotografía, aunque se encuentre detrás del objetivo, siempre está presente en la escena. Y nadie actúa fiel a sí mismo, como lo haría en la intimidad, cuando siente que se le observa, que se le fotografía. Eso lo saben los fotógrafos. Por eso, invariablemente, ganan el Premio Pulitzer instantáneas de guerra o de catástrofes naturales, en las que los fotografiados tienen algo más en qué pensar que en ese individuo que vigila su calvario agazapado y silencioso tras una lente de aumento.

Una sensación parecida experimenté en la India. Todo el mundo cambia sus hábitos, sus actos naturales, delante de un extranjero. Ocurre lo mismo cuando recibimos visitas en casa, que nos sentimos extraños en nuestro propio entorno. Es ése, también, un acto natural, aunque falso. Mi mera presencia activaba mecanismos en la gente en torno a mí que uno intuía que no se trataba más que de sogas y poleas de tramoya, como si un escenario diferente al habitual se levantara a mi paso.

En ocasiones me habría gustado gozar del don de la invisibilidad, o al menos de la capacidad de poder pasar desapercibido, y volver así a pasear por los lugares por los que anduve, a hablar con las personas que traté, a hacer las mismas cosas para comprobar si desembocaban en idénticos resultados. Supongo, aunque me pese, que el retrato que se configuró entonces en mi memoria sería hoy distinto.

Es por todo esto que, ante la imposibilidad de expresar su colosal diversidad, la India es mentira. Imposible es, como ya anticipaba, describir el país de mayores contrastes y polaridades que el mundo haya conocido en un prólogo de unos cuantos párrafos afortunados. Eso fue lo que me alentó a escribir este libro en forma de blog.

En dos meses recorrí la India de punta a cabo. Pero sesenta días no dan para comprender un país tan dispar como la India, aunque sí permiten hacerse una idea cercana. Sin embargo la visión que uno traiga consigo del país diferirá inevitablemente con la que otro haya experimentado. Por eso sostengo que no hay una sola manera de mirar la India. Por eso la India es una experiencia interior, íntima y personal.

Es ése el motivo por el que todo lo vertido en este libro es mentira. Pero es mi mentira. Y es en estas páginas donde expongo lo que yo vi, lo que yo oí, lo que yo sentí, lo que yo hice y lo que ocurrió a mi alrededor tal como yo lo percibí. Ésta es mi versión, sólo la mía, y es aquí donde la cuento.


Leave a comment

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


Spam Protection by WP-SpamFree