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Una sombra en la retina
By Javier Redondo Jordán On 30 oct, 2012 At 04:30 PM | Categorized As Jhunjhunu | With 2 Comments

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Cuando el vítreo del ojo experimenta una licuefacción parcial,
lo que suele ocurrir en miopes y personas de edad avanzada,
finas opacidades vítreas pueden causar sombras en la retina.
Theodore Grosvenor, Optometría de atención primaria (2004)

 

Si cierro los ojos con fuerza todavía alcanzo a verla. Una silueta recortada sobre el resplandor amarillento y amortiguado desde lo más profundo de los párpados, como una sombra que haya pervivido todo este tiempo dentro de mi cabeza. Es una sombra con forma de niña. Con la forma de aquella niña de Jhunjhunu.

La imagen, confusa y opaca, adquiere poco a poco sus rasgos a medida que se van tejiendo de nuevo los hilvanes del tapiz de la memoria. Reconozco sus cabellos castaños, enmarañados en bucles sucios y grasientos, ocultando a medias el perfil delicado de su rostro. Su nariz es achatada; la boca, pequeña. Como un cuchillo que rasgara su piel oscura, le surca la mejilla el rastro seco del llanto, que resbala hasta el mentón, cuya prominencia le confiere una severidad inusual para un cuerpo infantil, apenas vestido con harapos, que delata su extrema fragilidad.

Sin embargo, sus ojos… Pocas personas me han fulminado con una simple mirada. Puedo ver con nitidez, ahora, transcurridos los años, sus ojos de Gorgona, aunque nunca se hayan borrado de mis retinas desde entonces. Están fijos en los míos, y me miran sin pestañear pese a su insignificancia. Es una mirada altiva, aunque sostenga la mía desde la escasa altura de su niñez, desafiante, irreverente, carente por completo del más mínimo pudor.

No soy capaz de apartar la vista de esos ojos, que me hielan los huesos. Noto cómo su influjo hurga en mi interior y me es imposible hacer nada por impedirlo. Sus pupilas azabaches, acuosas, enmarcadas en un contorno blanquísimo, cristalino, de una pureza insólita, consumen mi voluntad por más que luche, mostrándome fugazmente lo que tanto temo, y me arrebatan el alma, abandonándome después, derrengado y exangüe, como un títere al que hubieran cortado los hilos.

Es un recuerdo vívido, casi material. Tanto que podría esculpir su rostro con los ojos vendados. Está allí, rodeada de inmundicia, escombros y gente, habitantes del pueblo donde me crucé con ella, pero destaca entre la turba como un cisne en una ciénaga.

Consciente de que un instante valió por toda una eternidad, desde aquella tarde en Jhunjhunu no puedo sacármela del pensamiento, donde ha quedado marcada su silueta como un fogonazo sobre el papel de cloruro de plata de la memoria, como una huella indeleble, como una sombra en la retina.


Displaying 2 Comments
Have Your Say
  1. Un amigo dice:

    Dame dice su mirada,
    “helou” su boca sin dientes,
    buen karma, no te arrepientes
    de soltar tela sobada.

    Niña en brazos condenada,
    sus ojos miran ardientes
    y en la tripa los relentes
    del que come un día de cada.

    ¡Tierra de castas de Aleas
    donde según lo que seas
    peleas por los despojos!.
    Bien por ti si eres brahman
    pero el intocable el pan
    se lo come con los ojos.

  2. Un amigo dice:

    Algún día verá la luz “El Andariego por la India” ;)

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